Nuestra Historia

El Instituto Educativo Morelos surgió en el Santuario de Guadalupe de Chihuahua para brindar formación a los hijos de trabajadores de la zona. Inició con preescolar y primaria, aunque más tarde se mantuvo solo con primaria. En 1950 pasó a la administración de unas religiosas y en 1993 las Hijas de la Caridad Canossianas, invitadas por Monseñor Quiñones, asumieron la dirección bajo la Hermana Katarina Capello. Desde entonces, las Canossianas han consolidado la misión, visión y valores que distinguen al Instituto.

Festival
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Modelo Educativo

El método operativo es preventivo y promocional, tendiente a intuir las necesidades y a individualizar la atención según sea lo óptimo, de tal manera que acompañe y potencie el desarrollo integral de la persona. Se caracteriza por ser personalizado, dialógico y gradual.

El estilo de educación Canossiana expresa, de una manera armónica amabilidad y firmeza, familiaridad y respeto, gratitud y alegría.

Nuestra Comunidad Educativa

La Comunidad Educativa comprende a los maestros, al personal directivo, administrativo y auxiliar, a los padres de familia, figura central en cuanto naturales e insustituibles educadores de sus hijos; y a los alumnos, coparticipes y responsables como verdaderos protagonistas y sujetos activos del proceso educativo.

Posee las características de la comunidad cristiana cuando está impregnada de caridad.

Por este motivo es esencial:

  • Promover el crecimiento de la persona valorando su dignidad y sus dones personales.
  • Orientar hacia el conocimiento y la realización de los mismos.
  • La formación de los corazones fuertes y compasivos, dispuestos a ser solidarios y empáticos.
  • Llevar a la persona a encontrar y descubrir a Dios en la propia identidad, en su valor y su dignidad, en las motivaciones de su existencia y de su actuar.
  • Una educación “a la medida”, es decir, teniendo en cuenta la individualidad de cada alumno.
    De aquí se desprende su Misión.

Modelo Educativo

El método operativo es preventivo y promocional, tendiente a intuir las necesidades y a individualizar la atención según sea lo óptimo, de tal manera que acompañe y potencie el desarrollo integral de la persona. Se caracteriza por ser personalizado, dialógico y gradual.
El estilo de educación Canossiana expresa, de una manera armónica amabilidad y firmeza, familiaridad y respeto, gratitud y alegría.
Nuestra Comunidad Educativa
La Comunidad Educativa comprende a los maestros, al personal directivo, administrativo y auxiliar, a los padres de familia, figura central en cuanto naturales e insustituibles educadores de sus hijos; y a los alumnos, coparticipes y responsables como verdaderos protagonistas y sujetos activos del proceso educativo.
Posee las características de la comunidad cristiana cuando está impregnada de caridad.
Por este motivo es esencial:

  • Promover el crecimiento de la persona valorando su dignidad y sus dones personales.
  • Orientar hacia el conocimiento y la realización de los mismos.
  • La formación de los corazones fuertes y compasivos, dispuestos a ser solidarios y empáticos.
  • Llevar a la persona a encontrar y descubrir a Dios en la propia identidad, en su valor y su dignidad, en las motivaciones de su existencia y de su actuar.
  • Una educación “a la medida”, es decir, teniendo en cuenta la individualidad de cada alumno.
    De aquí se desprende su Misión.
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Misión

Somos una comunidad educativa dedicada a la formación integral de la persona, impartiendo esta formación con calidad, cultura y vocación, provocando la apertura a la transformación y al desarrollo armónico y completo de cada uno, respetando el ser y las necesidades individuales de cada miembro que la conforman.

Visión

Promover de manera global y armónica a la persona, para que, por medio de relaciones positivas y del conocimiento del valor de sí misma y de la realidad que le rodea, descubra el amor personal de Dios hacía sí y su misión en la sociedad. Desarrollando su pensamiento crítico y sentido humano.

Valores Fundamentales

Excelencia:
Valor de exigencia de nuestro ser criaturas de Dios.

La excelencia no se refiere solo a los resultados, sino a los procesos y la dedicación que se invierte en lograrlos. Es un ideal que se persigue en todos los sentidos, buscando siempre lo mejor de uno mismo y de los demás.

Laboriosidad:
Este valor es el camino hacia la meta. Dios nos invita a colaborar con Él en nuestro desarrollo. Laboriosidad es el compromiso y la dedicación para ser mejores en lo que somos y en lo que hacemos con amor hacia el otro, responsabilidad, disciplina, puntualidad, limpieza, orden, respeto, cuidado del medio ambiente.

Bondad:
Valor que más se identifica con el ser humano. Es actuar con benevolencia, compasión y consideración hacia los demás. Es respeto mutuo, comunicación sincera, ayuda y servicio, lealtad, aceptación del otro y de lo diferente

Ideario

La nuestra, quiere ser una ESCUELA CATÓLICA CANOSSIANA.
Como “escuela” entendemos un lugar de formación integral de la persona mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura con el fin de activar el dinamismo espiritual de la persona y ayudarle a alcanzar la libertad ética que presupone y perfecciona la psicológica.
Como “católica” entendemos perseguir este fin dentro de la visión cristiana de la realidad, poniendo a Jesucristo como centro, de tal manera que los criterios evangélicos se convierten en normas educativas, motivaciones interiores y metas finales.
Como “Canossiana” entendemos que tiene como raíces el carisma apostólico de Santa Magdalena de Canossa. Se inspira en el “amor más grande del Señor que en la cruz no respira que caridad” y tiene como objetivo la formación del corazón, centro propulsor de toda persona, de manera que se pueda “extender la caridad lo más posible”.

Somos una comunidad educativa dedicada a la formación integral de la persona, impartiendo esta formación con calidad, cultura y vocación, provocando la apertura a la transformación y al desarrollo armónico y completo de cada uno, respetando el ser y las necesidades individuales de cada miembro que la conforman.

Promover de manera global y armónica a la persona, para que, por medio de relaciones positivas y del conocimiento del valor de sí misma y de la realidad que le rodea, descubra el amor personal de Dios hacía sí y su misión en la sociedad. Desarrollando su pensamiento crítico y sentido humano.

Excelencia:
Valor de exigencia de nuestro ser criaturas de Dios.

La excelencia no se refiere solo a los resultados, sino a los procesos y la dedicación que se invierte en lograrlos. Es un ideal que se persigue en todos los sentidos, buscando siempre lo mejor de uno mismo y de los demás.

Laboriosidad:
Este valor es el camino hacia la meta. Dios nos invita a colaborar con Él en nuestro desarrollo. Laboriosidad es el compromiso y la dedicación para ser mejores en lo que somos y en lo que hacemos con amor hacia el otro, responsabilidad, disciplina, puntualidad, limpieza, orden, respeto, cuidado del medio ambiente.

Bondad:
Valor que más se identifica con el ser humano. Es actuar con benevolencia, compasión y consideración hacia los demás. Es respeto mutuo, comunicación sincera, ayuda y servicio, lealtad, aceptación del otro y de lo diferente.

La nuestra, quiere ser una ESCUELA CATÓLICA CANOSSIANA.
Como “escuela” entendemos un lugar de formación integral de la persona mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura con el fin de activar el dinamismo espiritual de la persona y ayudarle a alcanzar la libertad ética que presupone y perfecciona la psicológica.
Como “católica” entendemos perseguir este fin dentro de la visión cristiana de la realidad, poniendo a Jesucristo como centro, de tal manera que los criterios evangélicos se convierten en normas educativas, motivaciones interiores y metas finales.
Como “Canossiana” entendemos que tiene como raíces el carisma apostólico de Santa Magdalena de Canossa. Se inspira en el “amor más grande del Señor que en la cruz no respira que caridad” y tiene como objetivo la formación del corazón, centro propulsor de toda persona, de manera que se pueda “extender la caridad lo más posible”.

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Magdalena de Canossa (1774-1835)

historia magdalena

Fundadora de la familia Canossiana, Hijos e Hijas de la Caridad.
MAGDALENA DE CANOSSA, mujer que creyó en el Amor del Señor Jesús, fue enviada por el Espíritu entre los hermanos más menesterosos a los que sirvió con corazón de madre y ardor de apóstola.
Nace en Verona el 1 de marzo de 1774 de noble y rica familia, tercer nacida de seis hermanos.
A través de etapas muy dolorosas, como la muerte de su padre, las segundas nupcias de su madre, la enfermedad y la incomprensión, el Señor la guía hacia caminos imprevedibles que Magdalena intenta recorrer con muchos esfuerzos. 

Atraída por el Amor de Dios, a los 17 años desea consagrar su vida a El y por dos veces intenta la experiencia del Carmelo.
Pero su Espíritu la solicita interiormente a recorrer un nuevo camino: dejarse amar por Jesús, el Crucificado, pertenecer a Él sólo para dedicarse completamente a sus hermanos afligidos por distintas pobrezas.
Vuelve a su familia y, obligada por eventos dolorosos y trágicas situaciones históricas de fines del siglo XVIII, encierra en el secreto de su corazón la vocación y participa en la vida del Palacio Canossa aceptando la gestión del cuantioso patrimonio familiar. 

Con empeño y dedicación, Magdalena cumple con sus deberes diarios y amplía su círculo de amigos, quedando disponible a la misteriosa acción del Espíritu que, poco a poco, plasma su corazón y la hace partícipe de la pasión del Padre para el hombre, demostrada en el don completo y supremo de Jesús Crucificado, en el ejemplo de María, la Virgen Madre Dolorosa.

Prendida por esta caridad, Magdalena oye el grito de los pobres hambrientos de pan, instrucción, comprensión y de la Palabra de Dios. Ella los descubre en los barrios periféricos de Verona, donde los reflejos de la Revolución francesa, las subsiguientes dominaciones de Emperadores extranjeros y las Pascuas de Verona, habián dejado signos de patente devastación y de sufrimiento humano. 

Magdalena busca y encuentra a las primeras compañeras llamadas a seguir Cristo pobre, casto, obediente y enviadas a testimoniar su incondicionada Caridad entre los hermanos.

En 1808, superadas las últimas oposiciones de su familia, Magdalena deja definitivamente el Palacio Canossa para empezar, en el barrio más pobre de Verona, aquella que interiormente reconoce como la voluntad del Señor: servir a los más necesitados con el corazón totalmente plasmado en Cristo. 

¡La Caridad es un fuego que inflama! Magdalena está dispuesta al Espíritu que la guía también entre los pobres de otras ciudades: Venecia, Milán, Bérgamo, Trento … En pocos decenios, las fundaciones de la Canossa se multiplican, la familia religiosa crece al servicio del Reino.

El amor por Cristo Muerto y Resucitado arde en el corazón de Magdalena que, con sus compañeras, se vuelve testimonio del mismo Amor en cinco sectores específicos: la escuela de caridad por el crecimiento integral de la persona; la catequesis a todas las clases, privilegiando a los más lejanos; la asistencia sobre todo hacia las enfermas en los hospitales; seminarios residenciales para formar maestras, que obrasen en el campo, y preciosas colaboradoras de los párrocos en las actividades pastorales; cursos de ejercicios espirituales anuales para las damas de la alta nobleza, con el fin de animarlas espiritualmente y envolverlas en los distintos ámbitos caritativos.

Más tarde, esta actividad es dirigida a cualquier clase de personas.


Alrededor de la figura y de la obra de Magdalena nacen constantemente otros testimonios de la Caridad: la Naudet, el Rosmini, el Provolo, el Steeb, el Bertoni, la Campostrini, la Verzeri, la Renzi, los Cavanis, el Leonardi, todos fundadores de otras Familias religiosas. 

La Institución de las Hijas de la Caridad obtiene, entre 1819 y 1820, la aprobación eclesiástica en las distintas diócesis donde las Comunidades ya están presentes.
El 23 de diciembre de 1828, Su Santidad león XII aprueba la Constitución del Instituto con el Breve Si Nobis.
Después de repetidos intentos negativos con Don Antonio Rosmini y con Don Antonio Provolo, hacia el fin de su vida, Magdalena consigue empezar también el Instituto masculino que proyectó ya desde 1799.
En Venecia, el 23 de mayo de 1831, abre el primer oratorio de los Hijos de la Caridad para la formación cristiana de los jóvenes y de los adultos, entregándolo al Sacerdote veneciano Don Francesco Luzzo, coadyuvado por dos laicos de Bérgamo: Giuseppe Carsana y Benedetto Belloni.
Magdalena acaba su intensa y fecunda existencia terrena a la edad de 61 años. Muere en Verona el 10 de abril de 1835 asistida por sus Hijas. Era Viernes Santo. 

¡Hagan conocer sobre todo a Jesucristo! la grande pasión del corazón de Magdalena, es la grande herencia que las Hijas y los Hijos de la Caridad están llamados a vivir, una disponibilidad radical, “dispuestos por el divino servicio a ir a cualquier pueblo, aun al más lejano” (Magdalena, Ep. II / I, p. 266).

Las Hijas de la Caridad cruzan el Océano hacia el Extremo Oriente, China en 1860.  De allí se expande a los diferentes continentes, hoy se encuentran en los cinco continentes en 32 países.                                   
En 1991 llegaron a Chihuahua.

El carisma que es el Espíritu Santo en Magdalena seguramente no agota su vitalidad en la realización de los dos Institutos.

Como consecuencia, distintos grupos laicos encuentran en Magdalena y en su don, su especial manera de vivir la fe, de testimoniar la caridad en los distintos ámbitos apostólicos de las distintas comunidades cristianas donde las hermanas no alcanzan a llegar.

La Iglesia nos propone a todos a Magdalena, y en especial, a sus Hijos e Hijas, como un testigo del Amor gratuito y fiel de nuestro Dios.
A Él damos gracias por el don de esta Madre y Hermana y por su intercesión pedimos de poderlo amar como Ella, por encima de cualquier otra cosa y hacerlo conocer a los hombres de nuestro tiempo, viviendo nuestra específica vocación.

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Magdalena de Canossa (1774-1835)

Fundadora de la familia Canossiana, Hijos e Hijas de la Caridad.
MAGDALENA DE CANOSSA, mujer que creyó en el Amor del Señor Jesús, fue enviada por el Espíritu entre los hermanos más menesterosos a los que sirvió con corazón de madre y ardor de apóstola.
Nace en Verona el 1 de marzo de 1774 de noble y rica familia, tercer nacida de seis hermanos.
A través de etapas muy dolorosas, como la muerte de su padre, las segundas nupcias de su madre, la enfermedad y la incomprensión, el Señor la guía hacia caminos imprevedibles que Magdalena intenta recorrer con muchos esfuerzos. 

historia magdalena
Una llamada

Atraída por el Amor de Dios, a los 17 años desea consagrar su vida a El y por dos veces intenta la experiencia del Carmelo.
Pero su Espíritu la solicita interiormente a recorrer un nuevo camino: dejarse amar por Jesús, el Crucificado, pertenecer a Él sólo para dedicarse completamente a sus hermanos afligidos por distintas pobrezas.
Vuelve a su familia y, obligada por eventos dolorosos y trágicas situaciones históricas de fines del siglo XVIII, encierra en el secreto de su corazón la vocación y participa en la vida del Palacio Canossa aceptando la gestión del cuantioso patrimonio familiar. 

Un Don

Con empeño y dedicación, Magdalena cumple con sus deberes diarios y amplía su círculo de amigos, quedando disponible a la misteriosa acción del Espíritu que, poco a poco, plasma su corazón y la hace partícipe de la pasión del Padre para el hombre, demostrada en el don completo y supremo de Jesús Crucificado, en el ejemplo de María, la Virgen Madre Dolorosa.

Prendida por esta caridad, Magdalena oye el grito de los pobres hambrientos de pan, instrucción, comprensión y de la Palabra de Dios. Ella los descubre en los barrios periféricos de Verona, donde los reflejos de la Revolución francesa, las subsiguientes dominaciones de Emperadores extranjeros y las Pascuas de Verona, habián dejado signos de patente devastación y de sufrimiento humano.

Un Proyecto

Magdalena busca y encuentra a las primeras compañeras llamadas a seguir Cristo pobre, casto, obediente y enviadas a testimoniar su incondicionada Caridad entre los hermanos.

En 1808, superadas las últimas oposiciones de su familia, Magdalena deja definitivamente el Palacio Canossa para empezar, en el barrio más pobre de Verona, aquella que interiormente reconoce como la voluntad del Señor: servir a los más necesitados con el corazón totalmente plasmado en Cristo. 

Una Profecía

¡La Caridad es un fuego que inflama! Magdalena está dispuesta al Espíritu que la guía también entre los pobres de otras ciudades: Venecia, Milán, Bérgamo, Trento … En pocos decenios, las fundaciones de la Canossa se multiplican, la familia religiosa crece al servicio del Reino.

El amor por Cristo Muerto y Resucitado arde en el corazón de Magdalena que, con sus compañeras, se vuelve testimonio del mismo Amor en cinco sectores específicos: la escuela de caridad por el crecimiento integral de la persona; la catequesis a todas las clases, privilegiando a los más lejanos; la asistencia sobre todo hacia las enfermas en los hospitales; seminarios residenciales para formar maestras, que obrasen en el campo, y preciosas colaboradoras de los párrocos en las actividades pastorales; cursos de ejercicios espirituales anuales para las damas de la alta nobleza, con el fin de animarlas espiritualmente y envolverlas en los distintos ámbitos caritativos.

Más tarde, esta actividad es dirigida a cualquier clase de personas.


Alrededor de la figura y de la obra de Magdalena nacen constantemente otros testimonios de la Caridad: la Naudet, el Rosmini, el Provolo, el Steeb, el Bertoni, la Campostrini, la Verzeri, la Renzi, los Cavanis, el Leonardi, todos fundadores de otras Familias religiosas. 

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Una Familia

La Institución de las Hijas de la Caridad obtiene, entre 1819 y 1820, la aprobación eclesiástica en las distintas diócesis donde las Comunidades ya están presentes.
El 23 de diciembre de 1828, Su Santidad león XII aprueba la Constitución del Instituto con el Breve Si Nobis.
Después de repetidos intentos negativos con Don Antonio Rosmini y con Don Antonio Provolo, hacia el fin de su vida, Magdalena consigue empezar también el Instituto masculino que proyectó ya desde 1799.
En Venecia, el 23 de mayo de 1831, abre el primer oratorio de los Hijos de la Caridad para la formación cristiana de los jóvenes y de los adultos, entregándolo al Sacerdote veneciano Don Francesco Luzzo, coadyuvado por dos laicos de Bérgamo: Giuseppe Carsana y Benedetto Belloni.
Magdalena acaba su intensa y fecunda existencia terrena a la edad de 61 años. Muere en Verona el 10 de abril de 1835 asistida por sus Hijas. Era Viernes Santo. 

Una Misión

¡Hagan conocer sobre todo a Jesucristo! la grande pasión del corazón de Magdalena, es la grande herencia que las Hijas y los Hijos de la Caridad están llamados a vivir, una disponibilidad radical, “dispuestos por el divino servicio a ir a cualquier pueblo, aun al más lejano” (Magdalena, Ep. II / I, p. 266).

Las Hijas de la Caridad cruzan el Océano hacia el Extremo Oriente, China en 1860.  De allí se expande a los diferentes continentes, hoy se encuentran en los cinco continentes en 32 países.                                    En 1991 llegaron a Chihuahua.

El carisma que es el Espíritu Santo en Magdalena seguramente no agota su vitalidad en la realización de los dos Institutos.

Como consecuencia, distintos grupos laicos encuentran en Magdalena y en su don, su especial manera de vivir la fe, de testimoniar la caridad en los distintos ámbitos apostólicos de las distintas comunidades cristianas donde las hermanas no alcanzan a llegar.

Un Canto de Gratitud

La Iglesia nos propone a todos a Magdalena, y en especial, a sus Hijos e Hijas, como un testigo del Amor gratuito y fiel de nuestro Dios.
A Él damos gracias por el don de esta Madre y Hermana y por su intercesión pedimos de poderlo amar como Ella, por encima de cualquier otra cosa y hacerlo conocer a los hombres de nuestro tiempo, viviendo nuestra específica vocación.

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